sábado 31 de enero de 2026 - Edición Nº642

POLITICA | 23 ene 2026

Por Franco Omar Quelin

Entre la amnesia selectiva y el oportunismo

Las críticas de Sebastián Georgion chocan con su propio pasado político, mientras Pablo Grasso se consolida como la principal referencia de futuro en Santa Cruz.


Por: Redacción

Entre la amnesia selectiva y el oportunismo discursivo...

Las declaraciones del secretario de Gobierno provincial, Sebastián Georgion, lejos de aportar claridad al debate sobre la Caja de Servicios Sociales y la Caja de Previsión Social, vuelven a poner en escena una vieja práctica de la política santacruceña: la de quienes se presentan como renovadores cuando en realidad han sido protagonistas, testigos y beneficiarios de todos los gobiernos anteriores.

Resulta, cuanto menos, llamativo que Georgion pretenda erigirse hoy como guardián de la memoria, la coherencia y la transparencia, cuando su propio recorrido político lo ubica como funcionario y operador de distintos gobiernos, incluyendo aquellos que hoy intenta señalar con el dedo. Su paso por el kirchnerismo, su permanencia en estructuras de poder durante años y su capacidad para acomodarse a cada nuevo ciclo político lo convierten más en un bufón del sistema que en un ejemplo de autoridad moral.

Hablar de “memoria” exige algo más que seleccionar episodios convenientes. La memoria también incluye quiénes sostuvieron durante décadas un modelo que vació instituciones, deterioró cajas previsionales y naturalizó la falta de controles. Georgion no fue un espectador: fue parte del elenco estable de ese proceso. Pretender ahora diferenciarse como si recién hubiese llegado a la política es, como mínimo, una falta de respeto a la inteligencia colectiva.

En cuanto a los cuestionamientos al Municipio de Río Gallegos y al intendente Pablo Grasso, el intento de deslegitimación resulta evidente. Se ataca con vehemencia a quien gobierna, da la cara y sostiene gestión en un contexto económico adverso, mientras se omite deliberadamente que muchos de los problemas estructurales que hoy se discuten son herencia directa de los gobiernos que Georgion integró o aplaudió.

Además, el recurso de la chicana, del señalamiento personal y de la construcción de enemigos internos no logra ocultar una realidad política clara: Pablo Grasso representa una etapa distinta, con legitimidad territorial, gestión comprobable y una construcción política que excede los discursos de ocasión. No es casual que sea permanentemente atacado: se ataca a quien crece, a quien incomoda y a quien aparece, cada vez con más fuerza, como el próximo gobernador de Santa Cruz.

Mientras algunos funcionarios se refugian en relatos defensivos y en la confrontación permanente, Grasso construye desde la gestión, con presencia en el territorio y una mirada moderna del Estado, sin negar las dificultades pero sin esconderse detrás de excusas ni enemigos imaginarios.

El verdadero debate no es quién declama más fuerte, sino quién tiene coherencia entre lo que fue, lo que es y lo que propone ser. Y en ese espejo, las declaraciones de Georgion quedan expuestas como un ejercicio de oportunismo político, más preocupado por desgastar adversarios que por hacerse cargo de su propia historia.

La sociedad santacruceña ya no compra discursos reciclados. Sabe quién estuvo siempre y quién aparece solo cuando conviene. Y también sabe reconocer a quienes tienen proyecto, liderazgo y futuro.

Porque el tiempo del relato se agota.
Y el tiempo de Pablo Grasso recién empieza.

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