Santa Cruz pide $100.000 millones mientras sostiene una estructura política millonaria
20:35 |El anticipo otorgado por el Gobierno nacional expone la fragilidad de las cuentas provinciales y reabre el debate: ¿crisis real o mala administración con funcionarios que cobran entre 7 y 10 millones?
Por: Por Franco Omar Quelin
Mientras el presidente Javier Milei firmaba el decreto que habilita un anticipo financiero de hasta $100.000 millones para Santa Cruz, en la provincia crece una pregunta incómoda: ¿cómo se llegó a este punto?
El auxilio, que deberá devolverse con intereses y mediante retenciones automáticas de coparticipación, no es gratis ni inocuo. Es, en los hechos, un nuevo endeudamiento encubierto. Uno más en una provincia que parece haber naturalizado vivir al límite de sus cuentas, apelando periódicamente a salvatajes para cubrir urgencias.
Pero lo más llamativo no es solo el rojo fiscal. Es la contradicción.
Mientras se argumenta la imposibilidad de afrontar compromisos “urgentes”, dentro del propio Estado provincial persisten estructuras con salarios que oscilan entre los 7 y 10 millones de pesos mensuales. Funcionarios políticos que, lejos de ajustarse a la realidad que atraviesa la provincia, parecen moverse en una lógica paralela.
Entonces, la pregunta es inevitable:
¿Hay crisis o hay desorden?
Porque cuando un Estado no puede pagar deudas, pero sí puede sostener sueldos de élite, el problema deja de ser exclusivamente financiero para convertirse en político. La falta de previsión, la dependencia de asistencia externa y la acumulación de compromisos reflejan una administración que no logra —o no quiere— ordenar sus prioridades.
El ministro de Economía Luis Caputo será quien ejecute el mecanismo de devolución, garantizado con recursos futuros de la provincia. Es decir, lo que hoy se presenta como alivio, mañana será descuento automático. Menos margen, menos autonomía.
Santa Cruz entra así en un círculo que se repite: déficit, asistencia, deuda, y nuevamente déficit.
En este contexto, el silencio sobre el gasto político resulta ensordecedor. No hay anuncios de recortes profundos, ni señales claras de austeridad real. Solo un nuevo parche financiero.
Y mientras tanto, la cuenta sigue creciendo.
Y la pagan los mismos de siempre.