04:51 |Un alumno ingresó con un arma de CO2 a una escuela primaria y el hecho fue minimizado. La falta no solo es grave por lo ocurrido, sino también por la liviandad con la que se intentó explicarlo.
Por: Por Franco Omar Quelin
Lo ocurrido en la Escuela Primaria N° 40 no puede ni debe ser minimizado. No estamos frente a una “confusión”, ni a una exageración mediática: estamos ante un hecho gravísimo. Un alumno ingresó con un arma de CO2 al ámbito escolar. Eso, por sí solo, ya rompe cualquier marco de seguridad y convivencia.
Una pistola de aire comprimido no es un juguete. Puede provocar lesiones serias, incluso daños irreversibles como pérdida de visión. ¿De verdad alguien cree que esto puede tratarse como una simple “travesura”? Naturalizar este tipo de situaciones es abrir la puerta a hechos aún más peligrosos.
Pero hay algo igual o más preocupante: la reacción de quienes deben garantizar seguridad y transparencia. Minimizar lo ocurrido, intentar bajarle el tono o instalar la idea de “exageración” es, en sí mismo, una forma de irresponsabilidad. Cuando se elige relativizar un hecho grave, también se está fallando.
La responsabilidad es clara y múltiple. Es grave la conducta del alumno. Es grave la falta de controles que permitieron el ingreso de un elemento peligroso. Y es gravísimo el intento de restarle importancia a lo sucedido.
La comunidad educativa no necesita silencios ni discursos acomodados. Necesita respuestas,
protocolos claros y decisiones firmes. Porque cuando se trata de la seguridad de los chicos, no hay margen para interpretaciones tibias.
Esto no es alarmismo. Es sentido común. Y sobre todo, es responsabilidad.