jueves 03 de septiembre de 2026 - Edición Nº857

LECTORES | 2 sep 2026

Por Franco Omar Quelin

El respeto debe ser para todos, no según la conveniencia política.

Si el Concejo Deliberante considera que corresponde declarar persona no grata a un legislador por maltratar o faltarle el respeto a nuestros jubilados, corresponde acompañar el principio: nadie tiene derecho a maltratar a otro ser humano, sea diputado, funcionario, dirigente, jubilado o vecino.


Por: Redacción

 

Pero también sería bueno tener memoria, coherencia y autocrítica. Antes de repartir declaraciones de “personas no gratas”, quizás habría que mirar hacia atrás y preguntarse quiénes gobernaron durante décadas nuestra ciudad, quiénes tuvieron responsabilidades sobre el sistema sanitario, quiénes permitieron que nuestros hospitales llegaran a condiciones lamentables, quiénes administraron recursos públicos durante años y quiénes, eventualmente, hicieron negocios o se enriquecieron a costa del Estado.

Porque nuestros jubilados no llegaron a reclamar medicamentos, atención médica y dignidad de un día para otro. Hay problemas que llevan años, incluso décadas, y no pueden explicarse solamente por lo ocurrido en los últimos meses.

Si vamos a hablar de respeto, hablemos de respeto integral. Respeto por nuestros adultos mayores, pero también respeto por los vecinos que durante años padecieron hospitales deteriorados, falta de medicamentos, abandono y respuestas que nunca llegaron.

Y si vamos a declarar personas no gratas a quienes maltratan, entonces que el criterio sea parejo para todos, independientemente del partido político al que pertenezcan.

Porque de lo contrario, convertir una herramienta institucional en otro capítulo de la vieja pelea política termina siendo apenas un gesto simbólico, oportunista y sin verdadera solución de fondo.

Los jubilados no necesitan solamente declaraciones. Necesitan respuestas.

Necesitan medicamentos, médicos, atención digna y un sistema de salud que funcione.

Después de 30 años de desidia, hace falta mucha más coherencia y mucha menos utilización política del dolor de nuestros adultos mayores.

El respeto debe ser grato y, sobre todo, mutuo. Y la memoria también debería serlo.

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